miércoles, 6 de julio de 2016

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Aporte
Su aporte más audaz, original y deslumbrante fue su propuesta de reforma de la Iglesia, basada en los ejemplos de modestia y humildad brindados por los primeros cristianos, así como en los modelos de comportamiento humano ofrecidos por algunas de las figuras más destacadas de la antigüedad clásica grecolatina.
Erasmo defendía un programa de reforma de la Iglesia desde dentro de la Iglesia católica. Se daba cuenta de cuán grande había llegado a ser el abismo entre los apóstoles, su sencillez, y la Iglesia triunfalista del presente. Que Iglesia y Papa eran más un impedimento que una ayuda para acercarse a Dios. Y es que en Italia por ejemplo, los papas y los cardenales llevaban la vida opulenta y licenciosa de los príncipes italianos renacentistas. Eso causaba una gran consternación en los espíritus más sensibles. Roma y los papas fastuosos rechazaban las protestas, incluidas las mejor intencionadas y muchos disidentes lo habían pagado con su vida en la hoguera.
Era partidario de una reforma de la Iglesia que fuera gradual, lenta y pacífica, no el tipo de reforma/ruptura que propició Martín Lutero, un monje agustino que había sido admirador suyo. Erasmo en cambio deseaba la concordia en la Iglesia, no el enfrentamiento divisorio. Mientras el movimiento humanista era una corriente cultural, la reforma de Lutero, sin embargo, fue religiosa y de cariz político.
Erasmo consideraba que la vida contemplativa de los monjes carecía de valor religioso; que la espiritualidad debería realizarse a través de las virtudes en la vida activa. Con ese ideal, en 1503 hizo imprimir para la gente común (laicos) su Enchiridion militis Christiani (Manual del soldado de Cristo), donde exponía la vacuidad de los ritos vacíos y dar demasiada atención a la letra de la Ley; que de nada sirven los ayunos, obras o penitencias si no provienen de la verdadera caridad. Erasmo muestra aquí su característico perfil religioso: desdén por todo formalismo, rechazo de la superstición, defensa de una religiosidad “en espíritu,” vuelta a la simplicidad del cristianismo primitivo, conversión interior, crítica a ciertos aspectos de la tradición eclesiástica, etc.

Cuando Martín Lutero delineó sus noventa y cinco tesis, Erasmo lo apoyó pues compartía con él su rechazo a los abusos de la iglesia y su deseo de reformarla. Escribió un texto titulado 22 axiomas para la causa de Martín Lutero, que fue publicado en contra de su voluntad por los partidarios de la Reforma, lo que precipitó la ruptura definitiva entre el humanista holandés y el teólogo alemán.
En general Erasmo estaba de acuerdo con las ideas de Lutero, (o mejor dicho, Lutero estaba de acuerdo con las ideas de Erasmo) especialmente en las críticas sobre el modo de administrar la Iglesia. Además, Lutero y Erasmo se hicieron amigos personales, y el reformador Lutero fue una de las pocas personas a las que Erasmo reconocía públicamente admirar. El alemán, por su parte, siempre defendió las ideas de Erasmo argumentando que eran el resultado de un trabajo limpio y de una mente superior.

Ambos bandos presionaban para que tomara partido por ellos, pero como no lo hace se enemista con los dos. Erasmo llevaba tiempo denunciando los abusos eclesiásticos y no estaba a favor de los métodos de Lutero,  aborrecía la violencia y la guerra. Y es que para él, aquello no era “evangelio”, sino simple dogmatismo partidista, sectario y bárbaro. Debido a su negativa Lutero lo maldice y la Iglesia católica incluye sus libros en el Índice de libros prohibidos. Pero las amenazas y los insultos no inclinaron a Erasmo hacia ningún lado concreto, sino únicamente contra el enemigo común de todo pensamiento libre: el fanatismo.
El humanismo de Erasmo se expresó en toda su obra escrita, y de él es, precisamente esta frase: “El hombre no nace hombre, se hace” sugiriendo todo el proceso de hominización por el cual el ser humano se forma a sí mismo, adquiriendo cualidades éticas para un comportamiento de persona que actúa para el bien.
Otra característica del humanismo de Erasmo fue su constante pacifismo, su oposición a toda acción bélica, considerando que las guerras son negativas por su carácter negativo de destrucción y mortandad.
La guerra le parecía la forma más grosera y violenta de resolver las diferencias humanas, incompatible por tanto con una humanidad que pensara moralmente. Estaba convencido de que casi todos los conflictos entre los hombres y los pueblos podrían resolverse de manera pacífica gracias a la mutua condescendencia. Reconoce que todos los conflictos de la humanidad se producen, no por la apetencia simple de violencia, sino por la existencia de alguna ideología que la desata contra otra parte de la humanidad.

Obras
El primer libro que Erasmo de Rotterdam escribió fue Adagiorum Collectanea, publicado en el año de 1500, y está compuesto por una recopilación de cerca de ochocientas máximas proverbiales espigadas entre las obras de los grandes clásicos latinos (refranes y moralejas), y comentadas para provecho de quienes quisieran servirse de ellas con la intención de mejorar su expresión literaria en la lengua de Cicerón.
Entre los muchos libros que Erasmo escribió: Sobre el método de estudio, Educación del príncipe, Discusión sobre el libre albedrío, Preparación para la muerte.
El más importante, Elogio de la locura, 1511, la obra maestra, es una sátira amable e ingeniosa en la que se presenta la Locura como el auténtico motor que impulsa al mundo, el elemento imprescindible para el funcionamiento de la sociedad y, en último término, la conservación de la vida. A esta demencia que padece el mundo, ávido de bienes materiales y efímeros, Erasmo contrapone esa locura infinitamente superior que es, para él, la fe cristiana, un insania capaz de empujar al hombre a disparates tan dulces como regalar sus bienes y perdonar a sus enemigos.
En 1516 publica en latín el texto del Nuevo Testamento. Esta nueva versión sirvió a Lutero como punto de partida para su primera Biblia en el idioma alemán.
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